Pérdida, perdida.
Ya estoy aquí. No he tardado mucho, sí mas de lo que pensaba. Aunque dicen que lo bueno se hace esperar. Será positiva mi llegada, pues.
Todo ha cambiado. No. Todo no, sólo mi vida, no la del resto. En la calle todo me parece que sigue su curso y no lo puedo entender, porque mi vida ha cambiado. Las palomas me siguen pareciendo todas iguales. Los árboles deben de seguir creciendo, aunque yo no lo note. El autobús sigue haciéndome esperar como de costumbre, y eso no me duele, lo que me duele es que no estés tú para recordarme que hoy podría haber sido un fantástico lunes. Hoy ha sido un día extraño. Ha llovido, muy poco, pero lo ha hecho. Y lo que me duele no es eso, si no que antes disfrutaba con los días extraños, ahora no. Mañana pasaré el día fuera de casa, no te digo donde porque te vendrías conmigo.
Tengo una guitarra. Me la regalaron ayer por mi cumpleaños. Es una ilusión, un sueño, una promesa. ¡Es tantas cosas! Me gusta cojerla y aún no se tocar nada. Poco a poco.
Ayer estaba demasiado cansada para poder escribir nada. Fue un día largo y de sensaciones fuertes. Nada comparable a poder verte. Solo pensé un par de veces o tres en ti, pero de esas que duelen y no te dejan indiferente. De esas que hacen que lo blanco deje de ser blanco para volverse oscuro. Y así se pasan las horas…
Mi habitación está tan desordenada que un montón más de ropa en el suelo no me molesta. Pero no durará mucho así. Tengo una obsesión sana por el orden. Se cae, lo recojo. Se desdobla, lo doblo. Se rompe, lo pego. No lo tiro, no. Quizás lo acabe tirando un mes más tarde pero no ahora. Mi perfume se ha acabado. Tengo el bote vacío, aunque se que esas dos gotas que quedan serán para ti, para cuando te pueda ver. Yo te las guardo.
Hace dos meses que no cambio el calendario. No hay fechas para recordar. Miento. Las hay, pero las fechas tristes ya vienen conmigo siempre.
Mi padre está hablando con el perro. Le da ánimos para que coma. Es curioso. He pasado semanas sin apetito y yo no recibí nada de eso. No son celos, ni mucho menos. También yo le cuento todo lo que me gustaría contarte a ti y no puedo.
Anoche estuve cenando con unos amigos del colegio. Hacia mucho que no los veía. Estuvo bien el rato que pasamos, pero no sé porque me sentí la más desgraciada de toda la mesa. Es la sensación de no tenerte, de haberte perdido, de dejarte marchar. No hay otra opción. Todos tienen su vida encaminada. Yo? Debí perder las piedras por el camino que me llevaste, porque ya no se volver al punto de partida para empezar de nuevo, sola.
Esta noche me siento desecha. Estoy cansada, algo más que físico. He salido del metro y no era capaz de decidir la calle por la que prefería llegar a casa. Si solo habría un camino esto no me pasaría. Hay calles por las que lo paso mal. Da igual lo que piense. Me hacen sentir mal. Ya sea por las veces que las he cruzado riendo, como por las veces que las cruzo llorando. Hoy he llorado. Hacia tiempo que no lloraba. Días, pero los días también los considero eternidad. Hacia tiempo que no sentía esta angustia. No me gusta nada. Más bien, me da miedo. Supongo que es la angustia que tengo desde que te llevo dentro. Antes pensaba que era algo bueno. Creo que ya no. Es el peso de mi vida y la tuya en un solo cuerpo, de inventarme la tuya porque ya no me pertenece, de vivir la mía como no la deseo.
He visto una película que no era de amor. En realidad no te puedo decir del todo bien de que iba. Pero me ha hecho pensar. Hablaban de nostalgia. Sientes nostalgia de algo cuando has vivido algo realmente bueno, o nostalgia por algo que sueñas con que sucederá. Yo no sé qué quiero que suceda. Solo que se acabe mi nostalgia.
Y no pensar, no pensar más en ti.
Hoy siento que hasta dentro de mi puede existir el odio. De tanto quererte estoy empezando a odiar hasta mi manera de hablar, mi voz no sirve de nada si no vas a escucharme tu; mi forma de vestir, ese vestido nuevo ha perdido su valor si no vas a verme con él. Odio reírme y que tú no lo hagas conmigo. Creo que hasta el teléfono me odia por pedirle que suene. Necesito un descanso, una tregua con tu vida para disfrutar de la mía, sólo la mía.
No tengo miedo a la muerte, temo más a la vida. A seguir un camino que no me merezca. A las injusticias. A dormir un día entero y que eso me haga feliz. A decepcionar. A andar cada vez más despacio. A no querer ver a nadie. A ver mi mente en blanco. A mis principios. A sentir que ni siquiera la suerte me alegre. A tu felicidad. A estar rodeada y querer estar sola. A quedarme sola y no querer estarlo. A la indecisión. A que nunca te vayas de aquí. A soñar contigo. Tengo miedo a que un día se acaben mis sueños. Tengo miedo a esa vida. A la depresión.
Todo mi alrededor está triste. Las cosas cambian y nunca me ha gustado que lo hagan. No de esta forma.
Reixel
15 /08/2006